Es
un tema del que casi todo el mundo desconfía. Y es que la realidad te incita a
sospechar. Sí, de casi todos: del carretillero que le da lo mismo que le
repitas cien veces que la libra de malanga debe costar cuatro pesos y no ocho;
del dependiente que con una sonrisa amplia y la cuenta en la mano te dice que
la Cristal, tan perdida, por cierto, son 35 pesos… De quien tiene que velar
porque se cumpla lo pactado…
