Aunque las matemáticas no le desagradaban
y las letras se le daban bien, nunca pensó que elegir una carrera universitaria
causaría problemas para ella. Quizás por eso no se preocupó demasiado y la
decisión fue postergada varias ocasiones hasta que casi terminando el duodécimo
grado vino el momento de llenar la boleta.
Vaciló
muchas veces antes de hacer cualquier apunte en el papel. Varias de sus amigas
le habían recomendado algunas profesiones y sus ventajas futuras pero, en
realidad, no conocía a profundidad ninguna. De niña siempre le gustó el teatro,
la actuación le atraía, y aun cuando supo de las pruebas de aptitud para
matricular en el Instituto Superior de Arte no creyó aprobarlas.
En
ese instante solo tenía claro que quería continuar superándose, preferentemente
en la Universidad,
pues para ello se había esforzado durante tres años en el preuniversitario,
donde orientación no había encontrado. Por fin eligió Ingeniería Informática,
le pareció una buena alternativa y además muy de moda por aquel tiempo. Detrás
otras nueve propuestas rellenaron los espacios en blanco.
Con
energías renovadas inició el nuevo curso en septiembre mas, pronto, unas tras
otras, se fueron desplomando sus expectativas. Informática no era lo que
pensaba, las asignaturas le parecían complicadas y su rendimiento comenzó a
bajar. Al terminar el primer semestre solicitó una licencia con la esperanza de
volver a presentarse a las pruebas de ingreso y seleccionar mejor.
Si bien la historia de esta chica pudiera
parecer aislada, la realidad es que no pocos estudiantes se ven ante una escabrosa
encrucijada a la hora de elegir una ocupación o profesión, pues en verdad no es
tarea sencilla. Factores como los intereses, las capacidades de cada quien, la
vocación y las perspectivas de desarrollo profesional que ofrece una
determinada carrera en el mundo laboral no deben obviarse entonces.
Se trata,
pues, de una de las decisiones más importantes en la vida de cualquier joven,
por lo que este deberá estar preparado para ese momento. La formación
vocacional y orientación profesional constituyen prioridad en nuestro Sistema
Nacional de Educación. Maestros, alumnos y padres, se hallan imbricados todos
en el difícil y complejo proceso de ‘qué voy a estudiar’.
LA FORMACIÓN VOCACIONAL
A través de ella
se pretende inculcar valores, convicciones, intereses y conocimientos hacia el
contenido de las profesiones; así como la aprehensión de hábitos y destrezas
que permiten conformar la identidad competitiva del sujeto con miras al
desempeño futuro.
Comienza, por ende, en el hogar, donde los niños
observan a sus padres, la manera en qué se ganan la vida y la importancia que
conceden al trabajo. Luego, en la escuela los maestros tienen la
responsabilidad de incorporar técnicas e instrumentos al proceso de enseñanza-
aprendizaje en aras de estimular a los
alumnos e influir de modo positivo en sus inclinaciones. De ahí que la
orientación profesional dependa en buena medida de la formación vocacional
recibida durante la preparación integral de los individuos.
Los
círculos de interés figuran e
ntre los proyectos que tienen dicha función. Ciertamente existe en las escuelas un número considerable de ellos, sin embargo, no todos funcionan como debieran ni siempre se cuenta con los instructores para impartirlos o los medios imprescindibles. En ocasiones tampoco responden a las expectativas de los educandos y a las propias especialidades que luego aparecen en las ofertas de continuidad de estudio.
Para el doctor en Ciencias Raudelio Machín Suárez,
profesor de Psicología en la
Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos (UMCC) “debe iniciar lo más temprano posible, conviene crear
condiciones por lo menos desde que el niño empieza a pensar racionalmente. Luego
del segundo ciclo de la primaria ya se puede motivar hacia otro ambiente que no
sea el puramente académico”.
En
la secundaria básica no todos los centros brindan la atención que merece el
proceso, sin embargo, resulta vital pues aquí se desarrollan determinadas capacidades
psicológicas esenciales para la adquisición de destrezas, difíciles de cultivar
en otros niveles.
“Si
el niño no aprende a escribir, redactar, comunicarse, es probable que después
no pueda obtener una profesión relacionada con ese perfil, ya que estas
habilidades no se alcanzan en la
Universidad”, explica Machín Suárez.
“A ello se sumarán luego los
aspectos motivacionales y el conocimiento de lo que son las profesiones para, entonces,
establecer las diferencias entre ellas y elegir si quieren encaminarse hacia
una formación técnico- profesional, un preuniversitario o posteriormente la universidad.
“Por otra parte, la tendencia
contemporánea ha conllevado a que por distintas razones el paternalismo haya
retardado la capacidad de decisión del individuo y haya hecho que la sociedad
ponga en manos de los adultos la decisión de los adolescentes y jóvenes.”
YO QUIERO SER…
Encuestas
realizadas en planteles de las enseñanzas Secundaria Básica y Preuniversitaria revelaron
que cuando se trata de orientar a los jóvenes
hacia las necesidades económicas reales del lugar donde viven —cuestión que el
país demanda en los momentos actuales—, aún
queda buen trecho por recorrer.
Así, por
ejemplo, en un grupo de onceno grado del IPU José Antonio Echeverría, de
Calimete — municipio eminentemente agrícola—, un número considerable manifestó
su anhelo por estudiar carreras vinculadas al sector de la Salud e Idiomas; ni siquiera
uno mostró interés por alguna especialidad relacionada con las potencialidades
de ese territorio. Tampoco por las de perfil pedagógico.
Al indagar
por los medios que les aportaban conocimientos sobre las futuras profesiones ubicaron
a la familia y las amistades como los principales. En menor medida aparecieron
la escuela y los círculos de interés. Asimismo, intercambios con varios jóvenes
de primer año en la UMCC
corroboraron que no en todos los planteles del nivel precedente al que cursan se
les da el uso adecuado al soporte bibliográfico con que cuentan, incluidos el
libro ¿Qué voy a estudiar? y los CD proporcionados
por la propia casa de altos estudios y la Universidad de Ciencias
Pedagógicas Juan Marinello. Alegaron que por lo general es en duodécimo grado
cuando se les informa algo.
Consciente de
cuánto falta por hacer, Ricardo Muñoz Alonso, jefe del departamento de
Educación Preuniversitaria en la Dirección Provincial
del ramo, explicó que se labora por perfeccionar el trabajo en tal sentido y
que a partir de décimo grado se insertan a los alumnos en las sociedades
científicas con actividades que fomentan su interés por una profesión u otra.
“En el IPVCE,
dada la finalidad de este tipo de centro,
se fortalecen las carreras de ciencias; mientras en el resto de los preuniversitarios
están diseñados los programas para que sepan con qué temáticas deben trabajar a
partir de una evaluación diagnóstica previa que revela cuáles son las
especialidades deficitarias en cada municipio.
“Debido a la
situación que tiene la provincia con la cobertura de maestros y profesores, la
prioridad la tienen las carreras con perfil pedagógico, aunque hoy no logramos
los índices de incorporación que precisamos y queremos.
“Para
incentivar la inclinación por estas y otras disciplinas seguimos consolidando
desde las estructuras municipales el grupo de formación vocacional en el que participan
los organismos; se conciben actividades con las universidades como las puertas
abiertas, intercambios y debates para acercar a los alumnos a las carreras que
un futuro pudieran estudiar.
“Por la
importancia que sabemos tiene el momento de la elección preparamos tanto al
estudiante como a la familia para el llenado de las boletas en pos de que no se
impongan criterios. A todos los egresados del nivel se les garantiza una plaza
en la Educación
Superior, solo que no siempre coincide con la primera opción
que piden. De ahí la necesidad de hacer una valoración general de cada una de
las solicitudes. Al respecto, el profesor guía desempeña un rol fundamental.”
¿Y EN LA
UNIVERSIDAD?
Aun cuando algunos piensan que
lo significativo es llegar a la
Universidad, no importa cuál sea la elección, el problema a
este nivel resulta más complejo.

Ailet Torres Hernández, Yiliet
Fuentes González y Lisette Castellanos Morejón escogieron carreras diferentes, no
obstante, el apoyo de la familia resultó vital. “Mi papá trabaja en lo mismo, pero
hasta que no entré a la universidad y comencé a recibir las asignaturas no fue
que conocí bien de qué trataba, explica Yiliet, quien cursa satisfactoriamente
el cuarto año de Ingeniería Industrial.
Algunos centros docentes dejan
el mayor peso en manos de la familia, amigos, medios de difusión y la sociedad;
otros reconocen la importancia de guiar a sus alumnos a tiempo y afianzan las
vías para garantizar una preferencia acertada.
“Agronomía fue lo que me
llegó, era mi opción 10, pero como siempre me gustó la naturaleza y además vivo
en una región agrícola, Jagüey Grande, cuando empecé me resultó interesante.
Sabía de qué trataba porque en onceno grado nos entregaron unos folletos muy
instructivos”, alega Yenier González Crossier.
Omar Luis Hernández Mena, de
primer año de Mecánica, confiesa que “no sabía mucho en lo que consistía porque
en realidad quería Civil y me concentré más en esta última rama, pero en la
escuela sí nos orientaron sobre las distintas especialidades”, añade.
Está claro que de la selección
certera de una carrera dependerá el éxito profesional, de ahí la importancia de
una correcta labor de orientación educativa, aspecto no abordado
conscientemente por la totalidad de los profesores. Y es que si bien esta tarea
compete a la sociedad, a la familia y la escuela en su conjunto, es en esta
última donde se puede desarrollar con eficiencia.
Por Jessica Acevedo y Miriam Velázquez
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