Era mi primera visita a la tierra de los
mogotes, del aroma a tabaco y la música de ese inolvidable cubano que fue Polo
Montañez, con cuyas melodías aprendí a apreciar la grandeza de esa naturalidad
y amor a su terruño.
Dos cosas me asombraron de Pinar en mi breve
estancia, la primera, la calidez con que nos acogieron los anfitriones del Encuentro de Blogueros de la Región Occidental,
celebrado en el Palacio de Computación de esa ciudad. Lo segundo fue algo
curioso, hasta cómico pudiera decir.
Llegamos temprano, como guajiros al fin.
Después de las 4 horas de viaje mañanero, que se te encajan en las costillas,
te entumecen los huesos y te despiertan un hambre voraz y una extraña modorra
que solo se quita cuando estiras tus piernas y la calidez del día termina de
levantarte.
Bajamos de la guagua y luego del desayuno,
tuvimos algunos minutos para admirar el amanecer en Pinar del Río. Allí fue cuando algo inusual saltó a mi vista. Ya
algunas colegas habían reparado en ello, dos jóvenes vestían un pulóver rojo
con la inicial del equipo Matanzas.
Lo que primero me pasó por la cabeza fue que
podían ser coterráneos o aficionados a los yumurinos, cosa extraña en ese
territorio porque cuentan con un fuerte equipo en la presente Serie Nacional de Béisbol, pero
inmediatamente me di cuenta que formaban parte de un negocio particular: eran
vendedores de churros rellenos.
Crucé la calle y me acerqué al pulcro y
ordenado local, me picaba la curiosidad, esa que viene con el oficio. Sin
muchos preámbulos fui al grano, ¿por qué llevan ustedes la insignia de un
equipo ajeno?, pregunté.
Los jóvenes muy simpáticos pensaron seguro
que era una fans del Tsunami Verde, y me respondieron casi a coro “Somos
pinareños, solo que este es nuestro uniforme de trabajo”.
Inmediatamente pensé ¿cómo es posible que en
otra provincia se exhiba la vestimenta de los Cocodrilos de Matanzas? Me decía para mis adentros, sería mejor
atraer a la clientela con el emblema
local.
Los interrogué nuevamente hasta que uno de ellos
me dijo: “Nuestro jefe y su esposa son matanceros, viven aquí desde hace algún
tiempo y defienden a su tierra, por eso el uniforme que llevamos representa al
equipo de Matanzas.
Al contarme aquello, indagué si el resto de
la semana llevaban el pulóver de Pinar, “no periodista, los demás días nos
vestimos con uno blanco, porque mi jefe solo le da a los Cocodrilos”, me dice
Ernesto.
Entonces investigo por la reacción de la
gente ante semejante iniciativa. Según responde Kleyderman ya se han
acostumbrado a que quienes por allí pasen le griten cosas y se metan con ellos,
“además atraemos mucha clientela y vendemos más porque siempre se quedan unos
cuantos formando el debate, al mismo tiempo que no pueden resistirse ante los
churros y nos compran más”.
“Lo más difícil es cuando caminamos de regreso
a casa, ahí si nos gritan y se meten con nosotros, pero ya estoy habituado,
porque quienes lo hacen saben que nosotros le damos a Pinar”, me cuenta.
Quise hablar con el jefe, pero
lamentablemente, el propietario de Churros
Manía, había salido, regresé varias con el propósito de conocer al ingenioso
yumurino, pero fue en vano.
Casi cuando me iba, los muchachos me gritaron
“la final es entre Matanzas y Pinar, ahí nos veremos las caras y este año el
Tsunami verde es campeón”, “eso habría que verlo, compay”, les riposté, “porque
después de barrer a Industriales los Cocodrilos vamos por más”.
Así terminó mi estancia en la tierra de los
Mogotes, convencida de que hay un Cocodrilo infiltrado en Pinar…
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