martes, 1 de octubre de 2013

¿Por qué no escuchamos a Gandhi?



 “La no violencia es la mayor fuerza a la disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre”.                                                                                                                             Mahatma Gandhi
Cuando la barbarie anda suelta, los seres humanos parecemos inmunes a tanta crueldad. A veces resulta tan fácil percatarse de cuánta brutalidad nos rodea que se vuelve aterrador. Hace algunos días mientras consultaba varios artículos en internet, encontré una noticia que parecía insólita, típica de una película de terror.
Un titular anunciaba las estadísticas reveladas por recientes estudios de la Organización Mundial de la Salud, los cuales exponían, sin ningún tapujo, que en Bosnia y Herzegovina en los últimos años habían sido abusadas sexualmente entre 20 mil y 60 mil mujeres, la mayoría de ellas musulmanas.
A continuación una nota informaba sobre el fallecimiento de una anciana de 92 años en el Hospital Clínico de Valencia, donde se encontraba internada en estado grave tras ser agredida con un arma blanca por su ex pareja, un hombre de 86.
En páginas siguientes, otras referencias también alarmantes, alertaban sobre la creciente ola de violencia que se extiende por el mundo: niñas asesinadas por padres desequilibrados, infantes baleados en plena calle o incluso en sus centros de estudio, videojuegos violentos incitando al terror, conflictos que comienzan, fundados en vagas sospechas y sin respeto alguno a la libre autodeterminación de los pueblos, guerras, destrucción, insulsas miserias del espíritu humano.
Justificaciones vacías amparaban estas conductas, escudadas tras la incierta máscara de convivir bajo los efectos de una era convulsa, regida por un atroz desarrollo industrial y tecnológico; una etapa moderna, gobernada por hombres que barren con la sensibilidad del ser, a los que la humanidad cuestiona la entrega de un Premio Nobel de la Paz.
¡Qué insulto a la memoria de grandes, como Mahatma Gandhi, quien muriera, sin recibir dicho reconocimiento, tras ser nominado en cinco ocasiones! El padre de la India nos legó su ejemplo, una historia de amor y respeto a su pueblo, de lucha social sustentada en el rechazo a las armas y en los principios de la no violencia y la resistencia pasiva contra la dominación extranjera, de la que fueron muestra sus dieciséis ayunos.
Gandhi fue guía y maestro del movimiento nacionalista en su tierra. En la historia de la India aparecen recogidas sus hazañas, sus protestas contra las leyes de los monopolios de la sal, su marcha simbólica durante tres semanas por el respeto a los derechos más elementales del hombre.
El pacifista fue reivindicado por la historia, finalmente,  cuando en junio de 2007 la Asamblea General de las Naciones Unidas, decidió declarar el 2 de octubre, fecha de su nacimiento, como el Día Internacional de la No Violencia.
En este marco varios países aprovechan la ocasión para recordar al líder indio y la pertinencia del estudio de su filosofía en la actualidad, a través de la divulgación de mensajes reflexivos sobre una cultura de paz, diálogo, tolerancia, comprensión y no violencia.
Es una oportunidad para apalear en cierta forma las secuelas físicas y sicológicas provocadas por la agresividad, de tender la mano a aquellas personas que sufren maltratos para que rompan el silencio y busquen ayuda especializada, y de alertar a los Estados sobre la implementación de mecanismos que erradiquen la institucionalización de la violencia, garantizando la seguridad ciudadana.
Pero esta conmemoración no debe circunscribirse a un día o espacio, la humanidad precisa que cada uno desempeñe su papel, ese que llama a la construcción pacífica de la sociedad, a sembrar valores en las nuevas generaciones, a identificar las conductas violentas y extremar las acciones preventivas, a promover en todo sentido el respeto pleno a la dignidad humana.

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